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sábado, 17 de agosto de 2013

¿A QUÉ SE DEBE EL AUMENTO DE ATAQUES DE TIBURÓN?

En Estados Unidos no se registró en 2011 ningún ataque mortal de tiburones. Sin embargo, en otros lugares han aumentado ligeramente, dando como resultado 12 muertes en todo el mundo, la cifra más alta registrada desde 1993, según el registro internacional de ataques de tiburones de 2011 de la Universidad de Florida.
George Burgess, autor del informe, afirma que ambas tendencias pueden resumirse en una sola palabra: turismo.
La cifra para Estados Unidos (29 ataques en 2011, mientras que la media de la pasada década fue 39,1) «es la más baja desde 1998 y la tendencia continúa en ese sentido», señala Burgess, experto en tiburones del Museo de Historia Natural de Florida.
«Parece que el descenso de los ataques en Estados Unidos, y especialmente en Florida, que es la región que hace subir la media, guarda relación con la crisis económica».
«Muchas personas tienen menos posibilidades de ir de vacaciones a la costa», añade.
Además, la sobrepesca está reduciendo las poblaciones en todo el mundo, por lo que algunas zonas cuentan con muy pocos tiburones.
Sin embargo, ése no parece ser el caso de Florida, donde las poblaciones de tiburones responsables de la mayoría de los ataques, como el llamado tiburón de aleta negra, el tiburón toro, tiburón limón (ver fotograía), tiburón tigre y tiburón de puntas negras, se han estabilizado en los últimos años.
Con todos estos datos en la mano, «el número de ataques en Estados Unidos y Florida sugiere que se ha reducido el turismo en estas zonas».
Sin preparación
Sin embargo, según Burgess, el aumento del turismo en el resto del mundo podría ser en parte responsable del número de ataques.
Muchos de los ataques más recientes han tenido lugar en zonas en las que no suelen darse. En Costa Rica, Kenia, y Nueva Caledonia (ver fotografía) se registró una muerte en cada una, mientras que tanto en la isla de la Reunión como en las Seychelles hubo dos.
«Creo que en muchas de estas comunidades no se preocupan por este tipo de ataques hasta que suceden», señala Burgess.
«No cuentan con planes de contingencia y no reaccionan hasta que no sufren el primer ataque».
Un juego peligroso
La posible relación entre los ataques de tiburón y el turismo pone de manifiesto que las comunidades turísticas deben dedicar parte de sus ingresos en contar con socorristas formados, personal de urgencias y servicios médicos.
Igualmente es importante enseñar a los lugareños y a los turistas lo que se debe y lo que no se debe hacer y que nadar en el océano siempre «puede ser una experiencia peligrosa». Precisamente Burgess trabaja como consultor de seguridad en lugares como Reunión, donde ha trabajo esta primavera.
En 2010 realizó un servicio similar tras una serie de ataques en Egipto, en el resort de Sharm el-Sheikh, donde vio a los turistas atrayendo y alimentando tiburones.
«Era una región que empezaba a crecer como destino turísticos para europeos del este, y probablemente para muchos era la primera vez en un sitio así», afirma.
«Seguramente los polacos, ucranianos o rusos no habían visto nunca peces tropicales, y habían aprendido de otros turistas y lugareños a alimentar tiburones».
Jonathan Tourtellot, fundador del Centro de Destinos Sostenibles de la Sociedad National Geographic, añade que «hay sitios del caribe donde dar de comer a los tiburones es un espectáculo, aunque hay biólogos que lo consideran una muy mala idea».
Una mala combinación
Según Matt Rand, director de la campaña global de conservación de tiburones del Pew Environment Group, en ocasiones el turismo invade el terreno de los tiburones, como es el caso de Recife, en Brasil.
Tras experimentar ataques relativamente frecuentes en la década de 1990, los científicos determinaron que las aguas de esa región eran una zona de reproducción de tiburones toro.
Además, en las zonas turísticas las plantas de procesamiento de pescado descargan desechos y sangre en el agua, un auténtico cebo para tiburones.
«Es la peor receta para los accidentes», señala Rand.
Víctimas y verdugos
Para Tourtellot, dejando a un lado las tendencias turísticas, la mayor preocupación es qué les ocurre a los propios animales.
«Como es lógico, el aumento del turismo de aventura trae consigo el aumento de accidentes, por lo que no debería sorprendernos que haya más ataques si cada vez hay más gente nadando en zonas con tiburones».
Sin embargo, los medios tienden a exagerar y a afirmar que tales playas están «llenas de tiburones», y añade, «lo que realmente me preocupa es su disminución».
Rand asiente, «los tiburones tienen más motivos para temernos a nosotros que al revés».
«Sabemos que las poblaciones de tiburones están en descenso y dejarán de ser una amenaza para las personas.
Desgraciadamente, esto también tendrá consecuencias negativas para la salud de los océanos».
A pesar de las miles de millones de horas que pasamos en el océano el año pasado, solamente hubo 75 ataques.
En cambio, «estamos matando entre 30 y 70 millones de tiburones al año en todo el mundo para la industria pesquera», recuerda Burgess. «Las verdaderas víctimas son evidentes si observamos estas cifras».
Fuente nationalgeographic